FELICES CON EL EMPATE

Con la fecha inicial del beach volley y el handball femenino se iniciarán mañana las actividades de los Juegos Panamericanos en Lima. Argentina, que llevó a la capital peruana 528 deportistas (el mayor contingente de la historia en el extranjero), aspira a mantener el séptimo lugar del medallero, como en las dos anteriores citas. Para los deportistas hubo una buena noticia en la previa: el Enard dio marcha atrás y, al menos el año próximo, no recortará las becas de quienes no suban a un podio, como se anunció hace dos meses.

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Si bien la ceremonia de apertura de los 18º Juegos Panamericanos será el próximo viernes en el Estadio Nacional del Perú, en la Lima gentil, mañana comenzará la actividad de la máxima competencia deportiva continental, el certamen cuadrienal que comenzó en Buenos Aires hace 68 años –hubo una protocompetencia en Dallas en 1937– y que convocará a unos 6.700 deportistas de 41 naciones que competirán en 419 competencias divididas en 39 deportes.

En el primer día de actividades, desde las 11 de nuestro país, Ana Gallay y Fernanda Pereyra debutarán en el beach volley ante las guatemaltecas Estefanie Bethancourt y Paola Alvarado, mientras que un rato más tarde saltarán a la arena Julián Azaad y Nicolás Capogrosso se las verán con los triniteños Daynte Stewart y Marlon Phillip. Y a las 20, La Garra del handball se enfrentará a las limitadas estadounidenses, desde las 20 (hora argentina), con el objetivo final de una medalla dorada que las clasifique a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, casi una utopía teniendo en cuenta el poderío de Brasil en este deporte. El balonmano es uno de los 22 deportes que habilitarán cupos olímpicos o brindarán puntos para una progresiva clasificación.

Argentina exhibirá en la capital peruana un contingente de 528 deportistas, la lista más extensa de la historia panamericana en suelo extranjero, sólo superada por los 702 competidores que tomaron parte de Mar del Plata 1995. También integrarán oficialmente la delegación 242 oficiales (entrenadores, profesionales de la salud y asistentes diversos) para completar el grupo de 770 voluntades que el Comité Olímpico Argentino (COA) acreditó como delegación oficial que tendrá como abanderado al regatista Javier Conte, bronce olímpico en Sydney 2000 y candidato al oro en la clase Lightning en la que lidera una tripulación que acredita un oro panamericano en Toronto 2015 y dos títulos mundiales consecutivos.

El grupo nacional, que contiene a diez campeones olímpicos (el basquetbolista Luis Scola, la judoca Paula Pareto y Los Leones Pedro Ibarra, Juan Martín López, Agustín Mazzilli, Ignacio Ortiz, Matías Paredes, Matías Rey, Lucas Vila y Juan Manuel Vivaldi), viaja con diferentes expectativas y un pequeño alivio: desde el lunes, primero a los deportistas mimados desde la mesa chica del COA y luego a los presidentes federativos, les llegó un mensaje de texto que decía: “Resolución del Directorio Enard sobre sistema de becas: quedan pospuestos hasta diciembre los cambios en sistema de becas. Las becas de clasificación Pana y Parapanamericana rigen, según lo previsto, por 4 meses. (Aquellos que no eran becados porque no tienen logro deportivo y van a Lima). Se implementará una mesa de trabajo COA-ADN-ENARD y se cursará invitación a la Comisión de Atletas para redefinir las actualizaciones y/o eventuales cambios en el Sistema de Becas, cuya versión actual se mantendrá vigente hasta fin del corriente año. Se pide que se analice la inclusión de méritos por ránking internacional y que se validen los logros equivalentes de cara al futuro. Queda stand by la aplicación de la actualización por resultados correspondiente al post Lima”.

Este mensaje, de escasa exposición, vino a dar de baja el terrible recorte establecido hace dos meses desde las oficinas del Ente con base en Juan A. Buschiazzo 3060 que pretendía eliminar de la lista de apoyos a todos los deportistas que no volvieran de Perú con medallas, algo que podía dejar afuera del sistema, al menos, al 50% de los deportistas de elite becados, medida que contaba con la aprobación de Diógenes de Urquiza –máximo encargado de la devaluada Agencia del Deporte Argentino (ADN) y amigo personal de Mauricio Macri–. Enero de 2020 será otro año y tal vez otro escenario político en el que volverá a discutirse el enfoque del deporte nacional.

Sin la presión de saber que la falta de podio podría significar la muerte deportiva de muchos, Argentina tiene claro que, salvo catástrofe, no se moverá del séptimo lugar en la región. Estados Unidos (que llevará a dos decenas de oros olímpicos) dominará las tablas aun cuando en muchos deportes lleve equipos B o C. Cuba y Brasil pelearán por la segunda y tercera colocación, mientras que detrás suyo Canadá, México y Canadá tendrán una lucha por los siguientes tres espacios.

Luego debería quedar en la tabla nuestra delegación con un proyectado de entre 85 y 90 medallas (coincidentemente fueron 74 en las dos citas continentales previas, con menor cantidad de personal) y un esperable de 20 oros con un techo de dos docenas (fueron 21 en Guadalajara 2011 y 15 en Toronto 2015). Una cosecha dorada menor puede generar un retroceso ante un inesperado desempeño de Venezuela (su duro panorama social conspira en su desempeño global) o un crecimiento de Chile en competencias clave. Pero la expectativa que se maneja es que, con el empate, todos contentos.

ERNESTO RODRÍGUEZ III
@EPHECTO

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