CONEXIÓN LAUSANA

Este es el sexto informe de la investigación sobre los Juegos Olímpicos de la Juventud, en la que repasamos los costos, legados e historias ocultas de Buenos Aires 2018. El comité organizador pagó 2 millones de euros a una compañía especializada en lobby para ganar la sede. Para sumar votos, Gerardo Werthein, ideólogo de la candidatura, tejió alianzas con tres miembros que debieron alejarse del COI por corrupción y se convirtió en el vocero oficioso de Thomas Bach, el presidente de la entidad.
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Gerardo Werthein es uno de los hombres que más rápido ha escalado posiciones en el Comité Olímpico Internacional. Hace 20 años era, simplemente, un empresario local quien como cabeza del familiar Grupo W era socio del fondo Citicorp Equity Investments (CEI) y poseía el Banco Mercantil Argentino, la privatizada Caja de Ahorro, la Bodega Finca Flichman y la productora de yerba Cachamai, además de empresas agropecuarias en La Pampa y la región oeste de Buenos Aires, en donde se había radicado el patriarca León Werthein tras emigrar en 1904 de Besarabia (hoy parte de Ucrania y Moldavia). Para acceder a cada una de sus empresas, los Werthein habían sabido moverse de acuerdo con los poderes de turno, democráticos o de facto.

Pero en 1999, Gerry –como es conocido en su ámbito intimo este veterinario recibido en la UBA y con paso por la Federación Comunista en los 70– decidió meterse de lleno en el deporte que le apasionaba, la equitación, disciplina en la que, pese a tener caballos de nivel internacional (Capricho Calwaro, de su propiedad, fue finalista olímpico en Sydney 2000 bajo la monta del cordobés Martín Dopazo), nunca había conseguido despegar del nivel intermedio. Un mes antes de que se terminara la década menemista, estrenó su Haras El Capricho en Capilla del Señor con un concurso internacional que se convertiría en el más importante del país. Además, para ganarse el favor de sus nuevos vecinos del municipio de Exaltación de la Cruz, incluyó multitudinarios recitales gratuitos en los que presentó a Soledad, el Chaqueño Palavecino, Fito Páez y los Fabulosos Cadillacs, entre tantas figuras pop.

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De manera pocas veces vista, Werthein fue escalando posiciones en la dirigencia deportiva local y en 2004 llegó a la presidencia de la Federación Ecuestre Argentina. Un año más tarde fue un actor de peso en la elección de Julio Cassanello –ex interventor de Quilmes durante la Dictadura y amigo personal de Julio Grondona– para suceder en la presidencia del Comité Olímpico Argentino (COA) al coronel Antonio Rodríguez, quien se retiró tras 28 años de gestión. Y asumió la presidencia de la casona de Juncal 1662 en 2009, sucediendo el interinato de Alicia Morea quien había tomado el mando tras la salida apresurada de Cassanello, juez de la Cámara Civil y Comercial de Quilmes y padre del mediático Sebastián Cassanello, quien en 2012 se convertiría en el juez más joven de Comodoro Py.

Antes de acceder a la presidencia del COA, Werthein había dejado entrever cómo sería su gestión al comando de la delegación argentina que asistió a los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. Con un notable apoyo de los periodistas acreditados, especialmente los del pool que conformaban C5N e Infobae –sotto voce se sabía que era uno de los principales inversores de Daniel Haddad – conformaban quienes gozaban de las facilidades técnicas que le habilitaban los especialistas de Telecom –la nueva joya de la familia– llevados a la capital china para solucionar cualquier complicación técnica, la organización del equipo nacional fue, por lejos, la mejor en años. Como souvenir de su excursión asiática, Werthein trajo los contactos necesarios para iniciar la reconversión del Standard Bank en la filial local del Industrial & Commercial Bank of China (ICBC), además de convenios de asistencia técnica y tendido de redes de fibra óptica para la red pública china.

Tras haber generado el lobby suficiente para que a fines de 2009 se aprobara la ley de creación del Enard, el ente encargado de financiar a los atletas de alto rendimiento, Werthein se decidió a dar el gran salto y ocupar la vacante dejada en el COI por Rodríguez en 2006. Para posicionarse en la elite de la dirigencia deportiva mundial, un ghetto en el que convive la realeza, empresarios y jerarcas políticos de todos los colores, contrató los servicios de Mike Lee, un inglés que, bajo el paraguas de su empresa de comunicaciones Vero, sabía perfectamente qué botones tocar para conseguir los favores en el centenar de electores.

En 2010 midieron el terreno durante la 122ª Sesión del COI celebrada en Vancouver (Canadá), en la previa de los Juegos Olímpicos de Invierno, y se atrevió a pedir la sede para albergar la 125ª Sesión, tres años más tarde, una reunión fundamental para el movimiento olímpico porque allí se definiría al reemplazante del belga Jacques Rogge, como presidente de la entidad, y la sede de los Juegos Olímpicos 2020. Buenos Aires le ganó la pulseada a la malaya Kuala Lumpur y Gerry supo que pisaba en terreno firme. El primer ataque se cerró por completo en julio del año siguiente, en la 123ª sesión del COI celebrada en Durban (Sudáfrica), cuando la tarea de seducción de Lee y su tropa permitió que el candidato argentino consiguiera 68 votos a favor, 12 en contra y dos abstenciones para sumarse a la familia olímpica.

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Aquel éxito entusiasmó al hombre de los caballos y lo posicionó hacia su nuevo objetivo: que Buenos Aires fuera olímpica. Junto con la plana mayor del Enard, que comenzó a funcionar efectivamente en el segundo trimestre de 2010, afianzó sus contactos políticos en el kirchnerismo pese a algunos cortocircuitos con Néstor, y comenzó el coqueteo con el macrismo para garantizarse los favores de la Ciudad de Buenos Aires. Fronteras afuera volvió a garantizarse los servicios de Vero Communications que le pasó una factura de 2 millones de euros por un trabajo a full, dinero que saldría de las arcas oficiales, aunque sin quedar asentado su destino real.

El plan de seducción llevó dos años y comenzó en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, otro de los emprendimientos triunfantes que solía exhibir Lee para convencer a potenciales clientes. Werthein ya había ligado su figura al brasileño Carlos Nuzman, un exjugador de vóley de fama mundial que lideró la postulación de Río de Janeiro para ser la sede olímpica de 2016. En cuanta oportunidad podía, Werthein hablaba del bloque Sudamericano o Latinoamericano, de acuerdo con las conveniencias de su auditorio.

El otro bastión en la suma de voluntades era el jeque kuwaití Ahmad Al Fahad Al Sabah, quien no tuvo inconvenientes en ligarse a Werthein pese a las diferencias de formación y religiosas a partir de sus ambiciones de poder y su gusto por la equitación. Integrante de la familia real de su país, desde adolescente aprendió de su padre cómo se hacían negocios en el deporte. Fahd Al Fahad Al Yaber Al Sabah, su progenitor, era aquel hombre de turbante rojo que ingresó al campo de juego del estadio José Zorrilla de Valladolid, durante la fase clasificatoria del Mundial 1982, y convenció (hay quienes hablan de un puñal escondido en la túnica y otros de una oferta económica) al árbitro soviético Miroslav Stupar que anulara un gol de Francia ante Kuwait en el match que los galos terminaron imponiéndose por 4-1, constituyendo uno de los momentos más bizarros de la historia del deporte.

Con esos poderosos aliados, Werthein se sintió confiado en ganar la elección celebrada en Lausana, el 4 de julio de 2013. Ni siquiera dudaba que los electores tomarían demasiado en cuenta el gazapo económico que escondía la propuesta porteña en su plan de trabajo, presupuestando un dólar valorado a $ 4,50 en 2018 cuando en las calles de la Reina del Plata cotizaba, en ese mismo momento, a $ 5,40. La tarea de convicción de ese task force fue la esperada y Lee se garantizó un bono en el pago cuando Rogge anunció que Buenos aires albergaría los terceros Juegos Olímpicos de la Juventud en 2018 tras dejar afuera, en dos vueltas a Medellín (Colombia) y Glasgow (Escocia).

En la segunda gran misión de aquel año 2013 quedaría en claro cuál era el concepto de fidelidad para Werthein. Pletórico en su rol de anfitrión de la sesión del COI que se extendió por cuatro jornadas de septiembre en el Hyatt de Puerto Madero, sustentada con un pago de poco más de U$D 1 millón por el entonces Ministerio de Desarrollo Económico de la Ciudad.

Werthein se reunió con los seis candidatos a suceder a Rogge, supuestamente convencido por la potencialidad que le daría a la región la llegada del banquero puertorriqueño Richard Carrión al sillón olímpico. Un llamado de Al Sabah, diciéndole que su hombre era Thomas Bach, convenció a Werthein no sólo de cambiar su voto sino utilizar las ventajas de la localía para realizar reuniones y convencer a votantes reacios. El alemán Bach, un ex empleado de adidas acusado de haber utilizado su posición de influencia olímpica para provecho personal, tenía dulces recuerdos de la capital argentina: durante el régimen militar, en 1977, se había coronado campeón de florete por equipos en el Mundial realizado en el Teatro San Martín, sumando ese oro al conseguido un año antes en la misma competencia durante los Juegos Olímpicos de Montreal. En aquella sesión porteña, Al Sabah metió doblete cuando Tokio superó a Madrid y Estambul como sede de los Juegos de 2020.

Bach vio con buenos ojos la pompa y circunstancia con la que la Familia Olímpica fue recibida por el jefe de Gobierno Mauricio Macri, quien en previsión que la ciudad hospedaría los YOG un lustro más tarde no dudó en poner sus medios a disposición y hasta propició una apertura de gala en el Teatro Colón.

Sea por las buenas vibraciones que le generaba lo argentino o bien, por puro pragmatismo, Bach le fue dando mayor poder a Werthein dentro de las estructuras del COI. El pago que exigió el nacido en Würzburg por tamaña muestra de confianza es que Werthein tome la palabra y fuera su portavoz oficioso en temas urticantes como lo hizo en la reunión realizada en Río de Janeiro, tres días antes de la apertura de aquellos JJ.OO., cuando el argentino defendió vehementemente la postura oficial del COI ante la Agencia Mundial Antidopaje (AMA).

Para devolver las gentilezas, y que la fiesta de Buenos Aires avanzara sin preocupaciones, desde el COI se había designado como veedor de la candidatura a un ex deportista quien no sobresalía por su experticia en el terreno de la logística: el namibio Frank Friedericks. El ex velocista pasó por primera vez por Buenos Aires en 2014 y fue recibido con honores por Mauricio Macri.

El sprinter africano volvería al país dos veces más en los siguientes dos años y sería testigo del radical cambio de programa que incrementaba los gastos y respondía al plan originalmente votado sin levantar la voz ni poner objeciones, como un disciplinado inspector. Con una visita programada para mediados de 2017, Friedericks tuvo que dimitir del COI en marzo de ese año acusado de haber recibido 262.000 euros en 2009 para votar la postulación olímpica de Río de Janeiro.

Similar suerte correría, siete meses más tarde Carlos Nuzman, uno de los pilares de la elección de Buenos Aires 2018 cayó en desgracia. En el marco del Lava Jato, el presidente del Comité Olímpico Brasileño fue apresado en su casa de Leblon acusado por la compra de votos. Nuevamente fue Werthein quien dijo lo que Bach no podía, para separar al COI del –ahora- indeseable miembro honorario caído en desgracia: “Brasil hizo las cosas mal y Argentina las está haciendo bien”.

Al Sabah sería el otro socio estratégico que también tropezó por sus pecados. Recibido con boato en marzo de 2018 por Werthein y Horacio Rodríguez Larreta, quienes lo llevaron a recorrer la Villa Olímpica de Soldati.

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Con una creciente ola de denuncias por corrupción, nadie pudo encontrarlo siete meses más tarde cuando aquella zona de la Comuna 8 cobró vida con los Juegos. Aún más, perseguidos por una década de escándalos que incluían discrecionalidad en la legislación deportiva, sobornos en la FIFA y haber participado en la preparación de un intento de golpe de estado en Kuwait, Al Sabah fue expulsado de FIFA y negoció en noviembre último una “auto suspensión” (así figura en las listas del COI) que, si bien debería haber suspendido temporalmente sus derechos, prerrogativas y funciones como miembro, no le impidió ser reelegido en marzo de 2019 como presidente del Consejo Olímpico de Asia por un octavo mandato aunque su presencia por las zonas olímpicas sigue siendo un tabú.

El que sí dio la cara en Buenos Aires 2018 por sus amigos fue Bach. Mientras desde la organización, en la previa al comienzo de los Juegos, aceptaban un gasto cercano a los U$D 650 millones, Bach parecía estar en otra sintonía. A partir de la valiente pregunta de u periodista de la cadena alemana WDR quedó claro cómo defendió a su socio Werthein cuando, en las horas previas a la inauguración de los YOG, a espaldas de la realidad afirmó que “al COI se le ha presentado un presupuesto de U$D 200 millones y la última información que tengo es que el resultado final será un 40% menos”.

La razón de tamaña muestra de confianza de Bach por Werthein tiene correlato en la misión que el argentino cumple en las comisiones del COI: es el encargado de la Comisión Digital y Tecnología y es uno de los miembros del consejo que negocia los derechos televisivos y de redes, la mesa de trabajo que le garantizó al COI una recaudación de no menos de U$D 4.000 hasta después de Tokio 2020.

INFORME 1: LOS DUEÑOS DEL ORO
INFORME 2: VILLA DE EMERGENCIA
INFORME 3: ELEFANTES BLANCOS EN EL SUR
INFORME 4: FUTURO OLVIDADO
INFORME 5: PELOTAS BIEN GUARDADAS
INFORME 7: MANO DE OBRA, ¿CALIFICADA?
INFORME 8: LA FIESTA DE TODOS
INFORME 9: MÁS DE MIL PALOS VERDES

ERNESTO RODRÍGUEZ III
@EPHECTO
EDICIÓN E INVESTIGACIÓN:
FEDERICO TEIJEIRO (@FEDERICODT)
PABLO TORRES BARTHE (@ALBERDIANOARG)

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