LA MEDALLA PERDIDA

Por falta de apoyo económico, el karateca Miguel Amargós no defenderá su oro panamericano en Lima 2019 ni intentará ser olímpico en Tokio 2020; el tucumano combatirá profesionalmente en Karate Combat, una liga con base en EE.UU. que le pagará por pelea el equivalente a 20 meses de lo que recibe actualmente.

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En Lima 2019, Amargós no podrá defender el oro de Toronto 2015 en los 84 kilos.

A fines de 2005, con la medalla de bronce del Mundial de Laser celebrado en Fortaleza colgando en el cuello, Diego Romero debió contener las lágrimas al escuchar a un burócrata de la Secretaría de Deporte de la Nación objetarle uno a uno los tickets de combustible para el remolque en el que había hecho la campaña de esa temporada, los gastos de alimentación y hasta los peajes por autopistas europeas. Conteniendo las lágrimas, el timonel tomó la decisión de adoptar la ciudadanía italiana. En Pekín 2008 -ahora como representante azzurro- el Mostro cordobés se subió a un podio olímpico, una medalla que –por formación– le correspondía al deporte nacional y se perdió por falta de apoyo en el momento indicado.

La historia del karateca Miguel Amargón tiene puntos de contacto pese a que los deportes sean diferentes. El tucumano es el mejor exponente del país en su arte marcial: aportó uno de los 15 oros nacionales en los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 y con su 14º lugar es el mejor luchador del continente en el ranking de la categoría 84 kilos según la Federación Mundial de Karate (WKF, la entidad que regla el deporte). Es, además, el mejor representante masculino en sus respectivas divisiones y el único en subirse a tres podios en torneos de Premier League, el principal circuito internacional que promueve WKF: fue plata en Fortaleza (Brasil) 2016 y bronce en Rotterdam (Holanda) 2016 y Salzburgo (Austria) 2018.

Tamaños antecedentes convierten a Amargós no sólo en candidato a reiterar podio en los Juegos Panamericanos que se celebrarán en Lima (Perú), desde el 26 de julio, sino a conseguir un lugar en la primera competencia olímpica del karate, el año próximo, en Tokio (Japón). Pero los sueños deportivos del tucumano de 27 años chocan con la cruda realidad de la economía diaria. Tomé la decisión de dejar de competir de manera amateur por muchas razones, sobre todas económicas. El país no está en un buen momento. Y tengo que mantener a mi hijo, Aquiles, de 9 años”.

Pese a sus antecedentes, Amargós solo recibe la beca de la Secretaría de Deporte de la Nación de $ 9.200 mensuales; la del Enard por excelencia panamericana ($ 16.560), dejó de cobrarla en abril de 2018 ya que la meritocracia que maneja el Enard sólo tuvo en cuenta que no pudo subir al podio en el Panamericano de la especialidad disputado en Curaçao en 2017 sin importar fuera el mejor karateca masculino del país. “Tampoco mi provincia me apoya. Tucumán es sólo fútbol, por el momento”, explicó.

La apuesta personal de Amargós es sumarse a Karate Combat, una franquicia profesional con base en Nueva York que organiza combates de pleno contacto (en la versión olímpica no puede golpearse a fondo) y que busca a karatecas con antecedentes y ubicados en los primeros lugares del escalafón. Si bien es una idea del empresario estadounidense Michael Depietro, las caras visibles para la promoción son el yanqui Chuck Liddell y el holandés Bas Rutten, dos próceres de UFC, la marca más reconocida de las artes marciales mixtas.

La empresa está creciendo y tras hacer una presentación oficial en Budapest (Hungría) en febrero de 2018, en los siguientes meses organizó festivales en Atenas (Grecia), Miami y Nueva York (EE.UU.). Aún no hay sede establecida para la primera presentación de 2019, pero el tucumano quiere pelear. “Quiero pelear en marzo. Todavía no sé con exactitud, pero no tengo problema de viajar a cualquier parte del mundo”, avisa. Por su primer combate, Amargós recibirá como pago u$s 5.000, el equivalente a 20 becas. Y la suma puede incrementarse con los bonos: un nocaut aporta u$s 15.000 extra y se otorgan premios monetarios por ofrecer los mejores espectáculos de cada velada como hace UFC.

La decisión le quitará una chance histórica: formar parte del debut olímpico del deporte que practica desde niño. “Va a ser difícil ver de afuera Tokio 2020. Si las cosas me van bien, intentaré ser olímpico en París 2024. Hoy, mis necesidades son otras”, reconoció crudamente.

ERNESTO RODRÍGUEZ III
@EPHECTO

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