SHERIFF EN ORSAI

Javier Castrilli fue el adalid de la justicia en la era menemista; encargado de seguridad deportiva en el gobierno de Néstor; frustrado candidato vecinal por el Pro y aliado de apuro del massismo. Hoy dirige partidos con equipos de la cuarta categoría de España mientras lleva engañados a jóvenes promesas a realizar pruebas en equipos top de Europa que no son tales.

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Castrilli (parado, a la derecha) y Yamada (2º desde la izquierda), en Ezeiza con los 9 miembros del fallido Club Río de la Plata.

En sus siete temporadas como árbitro de Primera, Javier Castrilli se hizo una imagen en el fútbol que, en su época de árbitro, fue sinónimo de respeto a rajatabla de las reglas. Su tenacidad para mantenerse al pie del reglamento generó broncas míticas (imborrables: Maradona gritándole “Maestro, ¿usted está muerto?”, en la cancha de Vélez o la fiesta de tarjetas rojas a jugadores de River, en el Monumental, contra Newell’s). Icono de la incorruptibilidad en la década menemista, surfeó el siglo XXI coqueteando con diversas fuerzas políticas y transitando despachos oficiales: arrancó en la política de la mano de Gustavo Béliz, quien lo ubicó como responsable de la Subsecretaria de Seguridad de Espectáculos Deportivos, cargo al que renunció en agosto de 2008. Por esa época, recibió un préstamo personal de Aníbal Fernández, quien era su jefe directo, que el político bonaerense no hizo figurar en sus declaraciones juradas (ver link). En 2007 había sido candidato a intendente de Almirante Brown por el kirchnerismo, pero luego cambió de rumbo (y de distrito) e intentó hacer campaña en 2015 como concejal de La Matanza por el PRO, para terminar apoyando al Frente Renovador que encabezaba Sergio Massa. El portazo al equipo que lideraba Francisco De Narváez le generó un carpetazo en el que fue acusado por estafa tras emitir 157 cheques sin fondo en la organización de un torneo de beach fútbol (ver link).

Sin los brillos de épocas pasadas y acosado por las deudas –un atraso de más de cinco años con el Banco Ciudad lo ubica como moroso irrecuperable (Categoría 5) según el BCRA–, Castrilli prestó su imagen para que su amigo Hugo Yamada (ver link), uno de los tantos gitanos del fútbol quien falsamente afirma haber jugado en la Primera de Newell’s, convenciera a jóvenes valores de Argentina y Sudamérica para realizar pruebas en equipos de primer nivel en España.

Uno de ellos es Brandon Quintana, un pibe rosarino de 19 años. Ante la posibilidad de una gira por España para ser visto por los buscatalentos del Atlético Madrid (“prometían un encuentro con el Cholo Simeone”, aseguró su papá, Francisco) a Athletic de Bilbao, con hospedajes en hoteles 5 estrellas y todos los gastos pagos, la familia del enganche de 19 años debió vender una casa para pagar 70.000 pesos por un pasaje en Falabella, a pedido de Yamada, y darle a la dupla de organizadores 1.850 euros con los que se cubrirían los gastos. El viaje soñado, junto con otros ocho jóvenes de Argentina, Uruguay y Venezuela para conformar el inédito Club Río de la Plata.

Al llegar a España, hace poco más de un mes, la cruel verdad: la gira no sería por Bilbao o Madrid sino por Asturias; los hoteles 5 estrellas mutaron en el albergue El Florán para mochileros, y los campos de entrenamientos, plazas públicas en donde hacían picaditos. De los ocho partidos de práctica con scouts de Primera prometidos, nada. Allí sacó la cara por el grupo el uruguayo Robert Carmona (Récord Guinness por ser, a los 56 años, el futbolista más veterano que juega de manera federada), quien había viajado seducido por Yamada para conseguirle un club en el Viejo Continente y filmar un documental de su vida. “Yo moví algunos contactos que tengo y conseguimos armar algunos amistosos, como el que celebraron contra el Deportivo Tuilla de la Tercera División (cuarta categoría española). Lo que hicieron Yamada y Castrilli con esos chicos no tiene nombre, los llevaron engañados”, admitió el montevideano que vistió la camiseta de casi 40 equipos de todo el planeta. En ese partido en el poblado asturiano, de menos de 2.000 habitantes, la situación fue tan irregular que Castrilli –quien les había dicho a los jóvenes en el avión que había realizado una gira similar con Yamada por Palencia en 2017– volvió a vestirse de árbitro 20 años después de haber dirigido su último match por los puntos (Platense-Gimnasia de Jujuy).

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Castrilli, de árbitro, con Carmona y el capitán del Deportivo Tuilla

El destrato sufrido por los chicos y otra propuesta indecente (pagar 500 euros más para ir a realizar una prueba en Italia) provocó el reclamo de Quintana y del fueguino Nacho Albornoz, quienes fueron echados por Yamada y dejados en el medio de la calle, sin pasajes de regreso a la Argentina, algo que fue confirmado por Carmona. “Lo que hicieron con estos chicos en inaudito, les mintieron, les quebraron la confianza. Dejaron a dos pibes varados en España, un chico venezolano se quedó en Madrid con un tío porque no podía soportar volver a su casa sin haber triunfado. Es de mala gente lo que nos hicieron”, afirmó desde la capital uruguaya.

Los dos pibes argentinos consiguieron quedarse en Blimea, otra de las parroquias asturianas, en donde les aseguraron un techo hasta el 1º de enero de 2019 y los miembros del Asturias de Blimea que milita en la Regional Preferente de Asturias (el quinto nivel de competición en España) no sólo les permitió entrenarse con su plantilla, sino que organizó una recolección de alimentos no perecederos en su encuentro de locales contra ante Navarro, dos sábados atrás.

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Lo que juntó el Asturias de Blimea para ayudar a los pibes argentinos.

Castrilli y Yamada evitaron responder a EPHECTOsport sobre el caso, mientras los padres de Quintana ya iniciaron acciones penales en la Fiscalía Regional Segunda de Rosario contra ambos y un eventual socio español (Enrique Sánchez Pérez) por defraudación y abandono de persona “Mi pibe está bajo techo, pero sin plata para pagar el gas y la luz. Ellos no quieren quedar como ilegales o ser deportados”, afirmó papá Quintana. Con el frío que aprieta, a más de 10.000 kilómetros, los dos pibes esperan volver, de alguna forma, a reencontrarse con su familia.

ERNESTO RODRÍGUEZ III
@EPHECTO

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