¿OLÍMPICOS DE INVIERNO? FRÍO, FRÍO

Desde algunos medios de comunicación se intenta fogonear la idea de una sede compartida entre Ushuaia y Buenos Aires para albergar los JJ.OO. invernales 2026. ¿Qué fundamento tiene esta propuesta, hija de la necesidad política, en un país que carece de infraestructura apropiada y que precisaría un presupuesto de no menos de u$s 5.000 millones?

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Werthein y Bach pasearon el fuego olímpico de Buenos Aires 2018 por Ushuaia. Quieren repetir en 2026, cueste lo que cueste.

En los últimos días, las agencias internacionales se hicieron eco de un comunicado oficial del Comité Olímpico Argentino (notificación que no puede encontrarse en el sitio oficial del COA), por el cual el COA estaría “analizando la viabilidad de una candidatura conjunta entre las ciudades de Buenos Aires y Ushuaia” para la celebración de los Juegos Olímpicos de Invierno 2026 (ver link).

La capital fueguina había sido mencionada, durante los Juegos Olímpicos de la Juventud, como potencial sede para los Juegos de Invierno Sub 18 en 2024, pero ahora se estaba ofreciendo como un potencial plan B en caso de que ninguna de las tres urbes en carrera (Calgary, Estocolmo y Milán-Cortina D’Ampezzo) puedan mantener su propuesta, habida cuenta que los ciudadanos canadienses deben corroborar las intenciones de sus dirigentes en un plebiscito a celebrarse el próximo martes 13, mientras que la capital sueca y el entente italiano son vistas con demasiada emoción por el gobierno central de ambos países.

Las propaladoras a sueldo se hicieron eco de esta quimera y empezaron a hablar del tema como si fuera posible, en tanto EPHECTOsport se contactó con tres federaciones nacionales responsables de deportes invernales que reconocieron no estar informadas de manera oficial de ninguna clase de plan olímpico. ¿Puede ser sede posible el sueño de tener la primera sede olímpica invernal por debajo del Ecuador? El prónóstico en frío, frío, casi helado…

Lo que en realidad sucede es que Gerardo Werthein se ha convertido en la voz de Thomas Bach, presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), a la hora de tratar temas ríspidos. Fue el presidente del COA quien salió al toro para enfrentarse a WADA hace dos años y también nuestro representante ante el COI quien, un año después, se encargó de avisar que se le había soltado la mano a Carlos Nuzman, el máximo responsable de Río 2016, preso en el marco del Lava Jato. Por eso, el líder del Grupo W salió a ofrecer un plan casi irrealizable para azuzar a las tres ciudades que quedan en pie –Erzurum, Graz, Sapporo y Sion ya se bajaron por presiones internas– con el guiño del mandamás del COI y con el apoyo local de Horacio Rodríguez Larreta, quien vio su popularidad crecer con los Juegos Olímpicos de la Juventud, aun cuando los YOG le costaron a CABA $ 16.000 millones, 15 veces más que lo presupuestado inicialmente, y Rosana Bertone, la gobernadora de Tierra del Fuego quien llegó a su cargo con las banderas del Frente para la Victoria pero se reconvirtió en socia del gobierno nacional.

La historia demuestra que Argentina sólo ha organizado una competencia invernal de cierta magnitud, los Juegos Panamericanos de Invierno, en 1991, en la localidad mendocina de Las Leñas. Fue un certamen que tuvo más intenciones que realidades en tanto sólo pudieron disputarse algunas carreras del programa alpino, mientras que quedaron sin poder realizarse las pruebas de esquí nórdico, biatlón y freestyle que estaban programadas.

La infraestructura es deficitaria para un evento de tamaña magnitud. Para la fase de la nieve hay que tener, al menos, una pista de ski homologada por la Federación Internacional para las cinco especialidades (Cerro Castor no lo está para las disciplinas de velocidad), un complejo para esquí nórdico (el entorno de Tierra del Fuego permite desarrollarlo), un deslizador de saltos (no existe en el país pero podría construirse una temporaria en un estado de fútbol, a un costo de varias decenas de millones de dólares) y un tobogán para los competencias de bobsleigh, skeleton y luge (tampoco hay una infraestructura de ese tipo, cuyo costo supera los 100 millones de dólares y, por falta de practicantes, amenaza con convertirse en un elefante blanco). La parte de hielo, que se haría en la Reina del Plata, requiere superficies de 60×30 metros para patinaje artístico y hockey sobre hielo (al menos tres entornos), un óvalo para carreras de corta distancia en un marco similar, una pista de larga distancia de 400 metros de cuerda (similar a una pista de atletismo) y una superficie para curling de 50×25. En el Parque Olímpico de Villa Soldati (la sede pensada para tal fin) sólo dos pabellones –América (se usó para gimnasia en YOG) y Asia (judo y lucha olímpica)– cumplen esas medidas y otro podría adaptarse a curling. Otro escenario similar podría levantarse en el pabellón de Tecnópolis en el que se jugó futsal. Habría que encontrar un lugar más similar (¿La Rural, habitual proveedora en los negocios de Cambiemos?) y un emplazamiento techado similar a una cancha de fútbol para el patinaje de velocidad. Además, hay que establecer escenarios secundarios en cada sede para calentamiento y entrenamiento de medidas similares y diversas facilidades (vestuarios, centros de musculación, escenarios de adaptación térmicos) para poder llevar adelante cada prueba, así como una puesta en funciones de aparatos de aire acondicionado para frío y calor que ninguno de los entornos posee. Además, la división de sedes obligará a generar dos Villas Olímpicas, una en cada ciudad, para hospedar a unos 4.500 personas entre deportistas y oficiales.

La distancia entre sedes no es una baza a favor. Ya resulta pesado para los competidores del Hemisferio Norte viajar un mínimo de ocho horas para llegar a la capital argentina. Y garantizarles otras tres horas de vuelo hasta conectar la otra subsede, a 2.300 kilómetros lineales de distancia y casi 3.000 por ruta, no parece ser un programa alentador. ¿Saben los ideólogos de esta postulación conjunta que a Baires y Ushuaia las separa el mismo tiempo de vuelo que insume, en el Viejo Continente, unir Madrid y Berlín? De hecho, una de las principales críticas a las últimas dos sedes invernales –Sochi 2014 y Pyeongchang 2018– era la diferencia entre ambos módulos (nieve y hielo), que podía cubrirse con menos de una hora por autopista.

Si se calculan las propuestas de las tres ciudades que quedan en disputa, los presupuestos iniciales se estiman en el orden de u$s 1.700 millones, 300 millones menos que lo que gastaría Beijing para los Juegos de Invierno 2022. A eso hay que sumarles cifras asociadas en cuanto infraestructura urbana que podrían llegar a triplicar el monto inicial, tal como sucedió con Buenos Aires 2018 (fuentes gubernamentales declararon, de manera extraoficial, haber gastado u$s 215 millones en la parte deportiva y u$s 435 millones en reformas urbanas). Si se extrapolan esas cifras, se necesitaría un mínimo de u$s 5.000 millones para la sede 2026, un dispendio casi impensado en una economía en crisis como la Argentina.

Más le valdría a Werthein y Rodríguez Larreta pensar en presentar el debido balance de gestión de Buenos Aires 2018 en tiempo y forma si no quieren quedar en los libros en un plano de igualdad a los miembros de la Dictadura o el Menemismo, quienes gestionaron las dos principales competencias deportiva de nuestra historia (Mundial 1978 de fútbol y Juegos Panamericanos 1995) y jamás rindieron cuentas de sus desmanejos.

ERNESTO RODRÍGUEZ III
@EPHECTO

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